miércoles, 7 de julio de 2004

Marrakech


Edificio de la Opera de Marrakech
Después de la visita a la ciudad de Casablanca, pillamos un tren en la Gare con destino a la ciudad de Marrakech, que es una de las ciudades más importantes de Marruecos y está al sur del país, al pie del Atlas. Posee numerosos monumentos patrimonio de la Humanidad, lo que la convierten en el principal atractivo turístico del país. Es, junto a Mequinez, Fez y Rabat, una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos y fue la capital del Imperio islámico. La ciudad posee el mercado tradicional (suq) más grande del país y una de las plazas más concurridas de África y del mundo, Djemaa el Fna. Coloquialmente esta ciudad es apodada «La Ciudad Roja» por el color de sus edificaciones y las tonalidades predominantes en el entorno. Vamos visitando la ciudad a pesar del enorme calor que nos hace y lo primero que nos llama la atención y que es una de las cosas imprescindible de ver en Marrakech  es La mezquita Kutubía, Koutoubia o Kutubiya que es uno de los monumentos más representativos de la ciudad de Marrakech. Su alminar es el modelo de los de las mezquitas de Rabat, con la Torre Hassan y de Sevilla con la Giralda. Situada al suroeste de la Plaza Djemaa el Fna al lado de la avenida Mohamed V, destaca por su alminar de 69 m de altura, el edificio más alto de la ciudad. El nombre de la mezquita, que liberalmente quiere decir "la de los libros" hace referencia a la importante biblioteca que tuvo, además del mercado de libros que se desarrollaba en sus alrededores con más de cien puestos.


La parte superior está rodeada por una balaustrada almenada que se corona, como es habitual en este tipo de construcciones, por tres bolas, hoy en día de bronce y según dicen en sus orígenes de oro. El exterior de la torre conserva solamente parte de su ornamentación original, habiendo perdido sus pinturas y mosaicos. Únicamente conserva una banda de azulejos verdes en la parte superior. Una vez terminada esta visita nos movemos hacia el lugar más emblemático de Marrakech y no es otro que La Plaza Djemaa el Fna. En la plaza se citan acróbatas, cuenta-cuentos, vendedores de agua, bailarines y músicos. Por la noche, la plaza se llena de puestos de comida, convirtiéndose en un gran restaurante al aire libre. Esta gran plaza de forma irregular (hoy pavimentada, pero hasta hace poco de tierra batida roja) es el corazón de la Medina, desde donde salen en todas direcciones una densa red de callejuelas. 

Tranquila y somnolienta por la mañana, al pasar las horas se va llenando de vendedores ambulantes de todo tipo y mujeres que pintan las manos y pies con henna; también hacen su aparición los vendedores de agua, los vendedores de quincalla o de dentaduras y pociones afrodisíacas. Pero el momento culminante es al anochecer, cuando se convierte en un enorme escenario al aire libre, donde una multitud de espectadores de todas las edades pasea y rodea a los malabaristas, músicos, faquires, encantadores de serpientes y juglares. En el centro de la plaza se instalan decenas de tenderetes-restaurante que sirven pinchos y otros platos tradicionales cocinados en el acto. Es un espectáculo de sonidos, olores y colores del que se puede disfrutar sentado en uno de los muchos cafés que hay en la plaza, pero lo mejor es mezclarse con la gente e ir de corro en corro, dejándose llevar por las sensaciones del momento. 

* Para la elaboración y desarrollo de este artículo se han tenido en cuenta los datos obtenidos a través de wikipedia, y las propias experiencias vividas durante el viaje. (Fotografías e ilustraciones originarias de Pedro García Barbudo).

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